Abracadabra es la palabra
mágica por antonomasia. Se
utiliza como encantamiento para
realizar diversos trucos mágicos,
y según la tradición, tiene
poderes curativos cuando se
inscribe en un amuleto. Viene del
arameo ibra k’dibra, donde ibra,
‘he creado’, y k’dibra ‘a través de
mis palabras’, «creo cuando
digo».
Una de los primeros registros de la
palabra proviene del siglo II a.C., en
la Roma imperial, cuando Quinto
Sereno Samónico —médico del
emperador Caracalla— escribió en un
libro que la malaria podía curarse
portando un amuleto en el cual se
escribiera esta palabra de forma
triangular
También fue utilizada ampliamente
por los gnósticos basilidianos —una
secta fundada por el alejandrino
Basilides en el primer siglo de la era
cristiana, que pretendía unificar las
enseñanzas de Jesús con los principios
místicos de las otras religiones y con
la tradición filosófica grecolatina—, y
se ha encontrado escrita en las
piedras de Abraxas —palabra mística
que se equipara a Dios, considerado
como el logos creador del sistema
planetario—, que se usaban como
amuletos.
Según el cabalista Eliphas Levy, la
combinación de las letras que
componen esta palabra en su arreglo
triangular, tiene un significado místico:
la letra A —la unidad, el principio—
se encuentra repetida cinco veces en
la palabra y 35 en el triángulo
completo, y la división da como
resultado siete, que tiene un
importante valor cabalístico.
Para el célebre ocultista Aleister
Crowley, abracadabra era una
palabra de gran poder, aunque
sostenía que su verdadera forma era
abrahadabra.
Por Igor Übelgott


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